La Iglesia Hoy | Sebastián Sansón Ferrari
Escuchar, discernir y
caminar juntos: encuentro fraterno de obispos norteamericanos
Del 30 de
agosto al 4 de septiembre de 2026, representantes de las Conferencias
Episcopales de México, Estados Unidos y Canadá se reúnen para fortalecer la
fraternidad, escucharse y discernir juntos caminos de esperanza ante los
desafÃos de la migración, la evangelización y la defensa de la dignidad humana.
La fraternidad
episcopal, la escucha mutua y el deseo de responder juntos a los desafÃos de
nuestro tiempo marcan el encuentro de obispos de Norteamérica celebrado en la
ciudad mexicana de Cuernavaca, estado de Morelos, del 30 de agosto al 4 de
septiembre de 2026. Delegados de las Conferencias Episcopales de México,
Estados Unidos y Canadá se reunieron para estrechar vÃnculos y reflexionar
sobre la misión de la Iglesia en sus respectivos paÃses.
La iniciativa
nació del deseo de Monseñor Ramón Castro Castro, obispo de Cuernavaca y
presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, quien explicó que la idea
surgió tras su nombramiento como presidente de la Conferencia.
"Surgió a
través de una inspiración del EspÃritu Santo", afirmó, recordando su
inquietud por "profundizar los lazos con todas las conferencias
episcopales", comenzando por los paÃses vecinos. La propuesta encontró,
según señaló, "un eco extraordinario y una disposición" por parte de
los responsables de los episcopados de Estados Unidos y Canadá.
Durante estos
dÃas, los participantes han alternado la oración y la celebración de la
EucaristÃa con momentos de reflexión, diálogo y convivencia fraterna. Tras la
apertura en la Catedral de Cuernavaca, han profundizado en las realidades
sociales y eclesiales de México, Estados Unidos y Canadá, asà como en la
movilidad humana, la migración y la custodia de la dignidad humana. El programa
ha incluido también espacios para discernir proyectos comunes, visitas a
lugares de valor histórico y cultural y un encuentro con la Virgen de Guadalupe
en su BasÃlica, expresión de la dimensión espiritual que acompaña este camino
de comunión.
El propósito
del encuentro fue, ante todo, conocerse y fraternizar. Pero también discernir
juntos "lo que Dios quiere" para las Iglesias de los tres paÃses y
explorar la posibilidad de consolidar una mayor fraternidad regional para
afrontar problemas comunes.
Una misma fe ante realidades diversas
México,
Estados Unidos y Canadá presentan contextos sociales, culturales y eclesiales
diferentes. Sin embargo, Mons. Castro subrayó aquello que une a sus pastores:
"la misma fe, el mismo bautismo y el mismo ministerio".
Entre los
temas que ocuparon un lugar central en las conversaciones estuvo la migración.
Se trata de una realidad que interpela a los tres paÃses desde perspectivas
complementarias: lugares de origen, tránsito y destino.
"¿Cómo
poder juntos ver esta realidad y cómo ver la manera de ayudar a los más pobres,
a los más necesitados, a los más vulnerables?", planteó el presidente del
Episcopado mexicano.
El obispo
expresó su convicción de que el encuentro permitió abrir caminos de
colaboración. "Creo que el EspÃritu Santo ha soplado, realmente nos ha
hecho ver caminos en los que podemos trabajar juntos", aseguró.
Los obispos en un momento del encuentro fraterno (Conferencia del
Episcopado Mexicano (CEM))
Un encuentro para escucharse y aprender
Para Monseñor
Daniel Flores, obispo de Brownsville, Texas, y vicepresidente de la Conferencia
de Obispos Católicos de Estados Unidos, la reunión fue "un momento de
encuentro". El prelado estadounidense destacó la oportunidad de conversar
y comprender mejor el contexto de la proclamación del Evangelio en cada uno de
los tres paÃses. El deseo, añadió, es que esta experiencia pueda continuar en
el futuro, fortaleciendo "un fuerte sentido de comunión" y la
cooperación ante cuestiones compartidas.
Entre las
preocupaciones comunes mencionó las vocaciones, la evangelización y los
desafÃos vinculados con la justicia social.
La defensa de
la dignidad humana ocupó asimismo un espacio importante en las conversaciones,
particularmente en relación con los migrantes y las personas que se encuentran
en condiciones de vulnerabilidad.
"La
Iglesia siempre tiene un lugar, una voz para hablar, pero también un trabajo
que hacer", afirmó Mons. Flores, subrayando la necesidad de acompañar y
sostener concretamente a quienes atraviesan situaciones difÃciles.
Las
conversaciones abordaron también los desafÃos que plantea el actual desarrollo
tecnológico y su impacto en la vida de las personas y de las sociedades. En
este contexto, Mons. Flores evocó las reflexiones del Papa León sobre la
protección de la dignidad humana, especialmente la de los más vulnerables.
El encuentro,
además de las sesiones de trabajo, ofreció espacios informales para el diálogo
y el conocimiento recÃproco. Las conversaciones en torno a la mesa permitieron,
según el obispo de Brownsville, acercarse más a la realidad de la Iglesia en
México.
"He
aprendido mucho. Ha sido una gran experiencia escuchar las preocupaciones de
nuestros hermanos obispos en el resto de Norteamérica", expresó.
Encuentro fraterno de obispos de Norteamérica (Conferencia del
Episcopado Mexicano (CEM))
La movilidad humana, un desafÃo compartido
La dimensión
histórica del encuentro fue resaltada también por Mons. Pierre Goudreault,
obispo de Sainte-Anne-de-la-Pocatière, en Quebec, y presidente de la
Conferencia de Obispos Católicos de Canadá.
El prelado
canadiense acotó que se trata de una primera experiencia de este tipo en la
historia de las tres Conferencias Episcopales. La reunión permitió
"desarrollar vÃnculos de fraternidad, de escucha mutua y de
reflexión" sobre la misión de las Iglesias locales, explicó.
Uno de los
principales asuntos de interés común fue precisamente "todo el fenómeno de
la movilidad humana, la migración". Mons. Goudreault recordó que numerosos
migrantes recorren el continente, atravesando México y dirigiéndose
posteriormente hacia Estados Unidos o Canadá. Esta movilidad genera múltiples
desafÃos. Para los obispos, señaló, resulta fundamental reflexionar sobre ellos
para acompañar mejor a quienes viven esta realidad.
La mirada de
la Iglesia debe atender tanto a la dimensión humana como espiritual de las
personas migrantes, con el propósito de hacerse más cercana y ofrecerles un
apoyo concreto.
Evangelizar, acompañar y defender la dignidad humana
Al referirse a
los horizontes de la Iglesia en Estados Unidos, Mons. Flores indicó que las
prioridades incluyen la evangelización, la promoción de las vocaciones y el
acompañamiento a las comunidades migrantes.
"Abrir
nuestros corazones" para sostener a quienes se encuentran en condiciones
de mayor vulnerabilidad es parte esencial de esta misión, afirmó.
El obispo
subrayó que la acción de la Iglesia es una expresión de su fe y que la
diversidad de contextos constituye una riqueza cuando las Iglesias pueden
compartir sus experiencias de evangelización, catequesis, pastoral vocacional y
promoción de la justicia social.
Para la
Iglesia en Canadá, Mons. Goudreault señaló algunos desafÃos particulares. Entre
ellos, el desarrollo de una estrategia nacional para el diálogo ecuménico y la
reflexión sobre las cuestiones planteadas por la inteligencia artificial.
El presidente
del Episcopado canadiense expresó el deseo de promover la formación de los
fieles para discernir los usos de una tecnologÃa que "está ahà para
quedarse", pero que debe permanecer "al servicio del ser
humano". También destacó la continuidad del camino de sanación y
reconciliación con los pueblos indÃgenas de Canadá —Primeras Naciones, inuit y
métis—, un proceso iniciado hace varios años y que todavÃa requiere compromiso
y cercanÃa.
En materia
migratoria, recordó la creación de un servicio nacional para migrantes y
refugiados, destinado a fortalecer la pastoral de la movilidad humana mediante
una red de responsables diocesanos, la formación y el intercambio de buenas
prácticas.
"Somos de Cristo y Cristo de Dios"
Para Mons.
Castro Castro, el horizonte de la Iglesia está marcado por el Magisterio y por
el camino de la sinodalidad.
"El
escucharnos, el discernir juntos, el orar juntos nos permite escuchar la voz de
Dios", afirmó. Ese camino común, añadió, permite descubrir la dirección
hacia la cual deben avanzar las Conferencias Episcopales y sus pastores.
En su
reflexión final, el presidente del Episcopado mexicano recordó que nadie es
dueño de la Iglesia. "Ni siquiera una Conferencia Episcopal; ni México, ni
Estados Unidos, ni ningún paÃs es dueño de la Iglesia", señaló.
"Todos hemos de recordar, como dice san Pablo, que somos de Cristo y
Cristo de Dios".
Cristo,
insistió, es "el único Buen Pastor". Los obispos están llamados a
reconocerse como instrumentos de Dios para la consolidación de su Reino.
En un tiempo
que Mons. Castro describió como una "crisis antropológica" y un
"cambio de época", el desafÃo consiste en responder al llamado de
consolidar un Reino "de paz, de justicia, de amor, de vida y de
solidaridad".
Ese deseo de
responder juntos, desde la comunión y la fraternidad, fue uno de los signos que
dejó este primer encuentro entre representantes de los episcopados de México,
Estados Unidos y Canadá.
Las
diferencias entre los tres paÃses no desaparecen, pero la experiencia
compartida puso de relieve una convicción común: la fe, el bautismo y la misión
pastoral invitan a caminar juntos, escuchar la voz de Dios y buscar respuestas
comunes ante los desafÃos que afectan a los pueblos de Norteamérica.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
Promueve el diálogo y la comunicación usando un lenguaje sencillo, preciso y respetuoso...