Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc
«Extiende el brazo»
(Lunes
7 de septiembre 2026. Vigésima tercera semana tiempo ordinario, lecturas:
1corintios 5,1-8. Salmo 5,5-12. San Lucas 6,6-11)
Queridos
hermanos y hermanas:
La
Palabra de Dios de hoy nos presenta un mensaje muy concreto: Jesús quiere
devolvernos la capacidad de amar, de servir, de actuar y de hacer el bien. Por
eso, en el Evangelio le dice al hombre que tenía la mano derecha paralizada: «Extiende
el brazo».
Podemos
preguntarnos: ¿Qué parte de nuestra vida necesita hoy ser extendida, sanada
y puesta nuevamente al servicio de Dios y de los demás?
1.
Primera lectura: 1 Corintios 5,1-8. San Pablo habla con mucha claridad
a la comunidad de Corinto. Había una situación de pecado que estaba afectando
la vida de la comunidad. Pablo les recuerda que el mal no puede ser aceptado
como algo normal.
Aquí
encontramos un primer elemento para nuestra vida: Tenemos que reconocer
aquello que está mal y tener el valor de cambiarlo.
A
veces tenemos un «brazo paralizado» espiritualmente. Sabemos que
debemos perdonar, pero no perdonamos. Sabemos que debemos acercarnos a alguien,
pero no damos el paso. Sabemos que debemos abandonar un vicio, una mala
costumbre o una actitud que nos hace daño, pero seguimos igual.
San
Pablo utiliza la imagen de la levadura: «Un poco de levadura fermenta toda
la masa».
Esto
nos enseña que una pequeña cosa mala que dejamos crecer puede terminar
afectando toda nuestra vida.
Por
eso, hermanos, debemos preguntarnos:
-
¿Qué pecado estoy tolerando?
-
¿Qué actitud negativa está creciendo dentro de mí?
-
¿Qué debo sacar de mi corazón para vivir en paz?
-
¿Qué necesito cambiar para que Cristo reine
verdaderamente en mi vida?
La
vida cristiana exige limpieza del corazón. No podemos celebrar la
Pascua de Cristo mientras conservamos voluntariamente aquello que nos aleja de
Él.
2.
Salmo 5. El salmista nos recuerda que Dios no se complace
en la maldad y que el mal no puede tener la última palabra. Pero también
aparece una actitud muy hermosa: la confianza en Dios.
El
justo sabe que necesita refugiarse en el Señor. No pone toda su seguridad en
sus propias fuerzas.
Aquí
encontramos un segundo elemento: Para poder extender nuestro brazo
necesitamos confiar en Dios.
Hay
personas que tienen problemas, pero no saben a quién acudir. Hay personas
que están heridas, pero no buscan ayuda. Hay personas que han perdido la
esperanza y sienten que ya no pueden levantarse.
El
salmo nos invita a decir: «Señor, tú eres mi refugio; ayúdame a levantarme».
Cuando
nuestras fuerzas se terminan, comienza a manifestarse de una manera especial la
fuerza de Dios.
3.
Evangelio:
San Lucas 6,6-11. Llegamos al centro de la Palabra de hoy.
Jesús
entra en la sinagoga y encuentra a un hombre que tenía la mano derecha
paralizada. Los escribas y fariseos están observando a Jesús para ver si cura
en sábado. Pero Jesús conoce sus pensamientos.
Entonces
coloca al hombre en medio y le dice: «Extiende el brazo».
El
hombre podía haber tenido miedo. Podía haber pensado: «No puedo».
Podía haber escondido su mano. Pero confió en la palabra de Jesús y extendió el
brazo.
Y
cuando lo hizo, su mano quedó restablecida. ¡Qué hermoso mensaje para
nosotros!
Quizás
hay cosas en nuestra vida que están paralizadas.
-
Hay brazos paralizados cuando dejamos de ayudar.
-
Hay brazos paralizados cuando dejamos de abrazar.
-
Hay brazos paralizados cuando no queremos
perdonar.
- Hay brazos paralizados cuando nos encerramos en
nuestro propio problema.
-
Hay brazos paralizados cuando vemos una necesidad
y decimos: «Eso no es asunto mío».
Y
Jesús hoy nos dice a cada uno: «Extiende el brazo».
-
Extiende el brazo para ayudar al que necesita.
-
Extiende el brazo para levantar al que ha caído.
-
Extiende el brazo para reconciliarte con quien
estás enemistado.
-
Extiende el brazo para acercarte al que está solo.
-
Extiende el brazo para servir en tu familia.
-
Extiende el brazo para colaborar en tu comunidad.
-
Extiende el brazo para hacer el bien.
4.
Jesús nos enseña que hacer el bien nunca está fuera de tiempo
Los
fariseos estaban más preocupados por el cumplimiento externo de una norma que
por la persona que sufría. Jesús, en cambio, coloca a la persona en el centro.
Por
eso pregunta: «¿Qué está permitido en sábado: ¿hacer el bien o el mal,
salvar a una persona o destruirla?»
Esta
pregunta también nos la hace hoy el Señor.
Porque
podemos caer en la tentación de ser personas muy religiosas, pero poco
misericordiosas. Podemos venir a Misa, rezar el rosario, participar en
actividades religiosas y, al mismo tiempo, tener un corazón cerrado para el
hermano.
Jesús
nos recuerda que la verdadera fe siempre produce obras de amor.
5.
¿Qué brazo necesitamos extender hoy?
Hermanos
y hermanas, quizás Jesús hoy no nos está pidiendo algo extraordinario.
Quizás
simplemente nos está diciendo:
-
«Extiende el brazo y ayuda».
-
Quizás a tu lado hay alguien que necesita una
palabra.
-
Quizás en tu casa hay alguien que necesita que lo
escuches.
-
Quizás hay una persona a quien tienes que
perdonar.
-
Quizás tienes que pedir perdón.
-
Quizás hay una obra buena que llevas mucho tiempo
posponiendo.
-
Quizás tienes que volver a acercarte a Dios.
Extiende
el brazo. No tengas miedo.
El
mismo Jesús que dijo al hombre de la sinagoga «extiende el brazo» es
capaz de sanar aquello que nosotros creemos que ya no tiene solución.
Conclusión
Queridos
hermanos y hermanas, las lecturas de hoy nos dejan tres grandes enseñanzas:
Primera: San Pablo nos
invita a sacar de nuestra vida la «levadura vieja», es decir, aquello
que nos hace daño y nos aparta de Dios.
Segunda: El Salmo nos
enseña a confiar en el Señor, porque Dios es nuestro refugio y nuestra
esperanza.
Tercera: El Evangelio
nos presenta a Jesús que nos dice: «Extiende el brazo». Es decir: sal
de tu parálisis, vence el miedo, abre el corazón y haz el bien.
Pidámosle
hoy al Señor:
Señor
Jesús, sana nuestras manos para que puedan servir; sana nuestros brazos para
que puedan abrazar; sana nuestro corazón para que pueda perdonar; y danos la
valentía de extender nuestra vida hacia los demás.
Que
nunca tengamos los brazos cruzados ante el sufrimiento de un hermano. Que nunca
digamos: «No puedo hacer nada».
Porque
cuando Jesús nos dice «Extiende el brazo», Él también nos da la gracia y
la fuerza para hacerlo. Amén


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