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    viernes, 4 de septiembre de 2026

    Renovación Espiritual


    Reflexión | P. Ciprián Hilario, msc


     

    Renovación Espiritual

    (Viernes 4 de septiembre. Vigésima segunda semana tiempo ordinario, lecturas: 1 Corintios 4,1-5. Salmo 36. San Lucas 5,33-39)

     

    Queridos hermanos y hermanas:

    La Palabra de Dios que hoy escuchamos nos invita a mirar nuestra vida con sinceridad y a preguntarnos: ¿necesito renovarme espiritualmente? Muchas veces renovamos la casa, cambiamos de ropa, compramos un teléfono nuevo, pintamos las paredes, pero podemos pasar mucho tiempo sin renovar nuestro corazón.

    La renovación espiritual significa volver a Dios, dejar que Él transforme nuestra manera de pensar, de sentir y de actuar, y permitir que el Evangelio tenga siempre un lugar nuevo en nuestra vida.

     

    1. Primera lectura: 1 Corintios 4,1-5 — Dios conoce el corazón. San Pablo nos dice que los servidores de Cristo debemos ser considerados administradores de los misterios de Dios, y que lo que se espera de un administrador es que sea fiel.

    Aquí encontramos un primer elemento para nuestra vida: la renovación comienza con la fidelidad.

    No somos dueños de nuestra vida; somos administradores de los dones que Dios nos ha confiado. Nuestra familia, nuestros talentos, nuestro trabajo, nuestro ministerio, nuestro tiempo y nuestros bienes son regalos que hemos recibido.

    San Pablo también nos recuerda algo muy importante: no debemos vivir buscando solamente la aprobación de los demás. Hay personas que viven preocupadas por lo que otros piensan: “¿Qué dirán de mí?”, “¿Cómo me ven?”,¿Hablarán bien de mí?”. Pero el verdadero juez de nuestra vida es Dios, que conoce lo que hay en lo profundo del corazón.

    Por eso, para renovarnos espiritualmente tenemos que preguntarnos:

    -                     ¿Soy fiel a Dios cuando nadie me está mirando?

    -                     ¿Mi vida exterior corresponde con lo que llevo dentro?

    -                     ¿Estoy sirviendo a Dios o buscando solamente reconocimiento?

    -                     ¿Hay cosas en mi corazón que necesito cambiar?

    La renovación espiritual comienza cuando dejamos que Dios ilumine nuestra conciencia.

     

    2. Salmo 36 — Encomienda tu camino al Señor. El Salmo nos invita a confiar en Dios: “Encomienda tu camino al Señor, confía en Él, y Él actuará.”

    Este es otro elemento fundamental de la renovación espiritual: aprender nuevamente a confiar en Dios.

    A veces estamos cansados porque queremos resolverlo todo con nuestras propias fuerzas. Nos preocupamos por la familia, por la salud, por el trabajo, por el futuro, por los problemas económicos y por tantas situaciones que nos quitan la paz.

    El salmista nos dice: “Confía en el Señor.”

    Confiar no significa cruzarnos de brazos. Significa hacer lo que nos corresponde, pero poner el resultado en las manos de Dios.

    Hay momentos en que tenemos que decir: “Señor, yo no puedo solo. Yo hago mi parte; lo demás lo pongo en tus manos.”

    La renovación espiritual necesita recuperar la confianza, la oración y la esperanza. Un corazón que vuelve a confiar en Dios comienza a recuperar la paz.

     

    3. Evangelio: Lucas 5,33-39 — Vino nuevo en odres nuevos. En el Evangelio, Jesús utiliza una imagen muy sencilla pero muy profunda: el vino nuevo y los odres nuevos. Dice Jesús que “nadie echa vino nuevo en odres viejos”.

    ¿Qué quiere decirnos?

    Que no podemos recibir la novedad de Dios manteniendo un corazón cerrado y aferrado a lo de antes. El Señor quiere hacer algo nuevo en nosotros, pero necesitamos abrirle espacio.

    Hay personas que dicen: “Yo siempre he sido así”, “Yo no cambio”, “A mí nadie me va a enseñar”, “Siempre lo hemos hecho de esa manera”.

    Pero el cristiano no puede vivir permanentemente encerrado en el pasado.

    Dios es siempre nuevo. Su gracia es nueva. Su misericordia es nueva. Su llamada es nueva.

    Renovación espiritual significa permitir que Dios cambie aquello que necesita ser cambiado.

    Quizás necesitamos renovar:

    -                     nuestra manera de orar;

    -                     nuestra relación con la familia;

    -                     nuestra forma de tratar a los demás;

    -                     nuestra participación en la Iglesia;

    -                     nuestra capacidad de perdonar;

    -                     nuestra manera de hablar;

    -                     nuestra relación con el dinero y las cosas materiales;

    -                     nuestra confianza en Dios.

    El problema no es que Dios no quiera darnos vino nuevo. El problema muchas veces es que nosotros queremos meter el vino nuevo de Dios en un corazón viejo.

     

    4. No basta cambiar las apariencias. Jesús nos enseña que la renovación verdadera no consiste solamente en cambiar cosas externas.

    Podemos cambiar muchas cosas por fuera y seguir siendo los mismos por dentro.

    Podemos cambiar de ropa, de casa, de trabajo, de ambiente, incluso de comunidad, pero si no cambia el corazón, seguimos llevando las mismas heridas, los mismos resentimientos, las mismas divisiones y los mismos pecados.

    Por eso, la verdadera renovación espiritual comienza desde dentro.

    -                     San Pablo nos habla de un corazón examinado por Dios.

    -                     El Salmo nos habla de un corazón que confía.

    -                     Jesús nos habla de un corazón convertido en odre nuevo.

     

    5. ¿Cómo hacer esta renovación? Podemos comenzar con tres decisiones muy sencillas:

    Primera: volver a la oración. Hablar con Dios todos los días, no solamente cuando tenemos problemas.

    Segunda: revisar nuestra vida. Preguntarnos delante de Dios: “Señor, ¿qué tengo que cambiar? ¿Qué debo dejar? ¿Qué debo comenzar?”

    Tercera: abrirnos a la novedad del Evangelio. No decir: “Yo soy así y punto”, sino: “Señor, transfórmame. Haz de mí una persona nueva.”

     

    Conclusión

    Queridos hermanos y hermanas, la renovación espiritual no es cambiar de religión ni buscar algo extraño; es volver al corazón del Evangelio y permitir que Cristo vuelva a ocupar el centro de nuestra vida.

    Hoy el Señor nos pregunta: ¿Cómo está tu corazón? ¿Es un corazón abierto a Dios o un corazón cerrado por el resentimiento, la rutina, el orgullo y el cansancio?

    Pidámosle al Señor la gracia de ser odres nuevos, capaces de recibir el vino nuevo de su gracia.

    Que podamos decirle:

    -                     “Señor, renueva mi corazón.

    -                     Renueva mi fe.

    -                     Renueva mi esperanza.

    -                     Renueva mi amor.

    -                     Quita de mí todo lo que me aleja de Ti

    -                     y hazme una persona nueva.”

    Porque cuando Dios renueva el corazón, se renueva también la familia, se renueva la comunidad y se renueva la Iglesia. Amén.







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