Fe y Vida | Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
9 de junio: san Columba, el santo que
luchó contra el monstruo del lago Ness
Instigó una batalla en la que murieron 3.000 hombres y
fue amenazado de excomunión, pero Columba salvó su vida evangelizando Escocia
Columba, hijo de Fedlimid y Eithne, del clan de los Uí
Néill, tataranieto de Niall de los nueve rehenes. Podría ser la presentación de
uno de los personajes de El Señor de los Anillos, pero es la dinastía de san
Columba de Iona, un monje irlandés que llevó el cristianismo a las tierras de
Escocia.
Nació en el año 521 en Gartan, en la actual Irlanda
del Norte. Siendo un muchacho ingresó en la floreciente abadía de Clonard, en
el centro de la isla, donde más de 300 monjes estudiaban Teología y Letras, y
en la que se ordenó sacerdote. Sin embargo, la peste que asoló Irlanda en el
año 544 le obligó a volver al norte, a su tierra natal, donde fundó varios
monasterios.
En el año 560 se vio envuelto en un suceso turbio que
al final acabó desencadenando una batalla. El motivo fue una copia del libro de
los salmos. La historia sucedió como sigue: otro monje irlandés, Finnian, abad
de Moville, hizo un viaje a Roma desde donde trajo una copia de la Vulgata.
Acordaron que Columba hiciera una copia de los salmos, pero nuestro santo se la
quiso quedar, y Finnian (hoy también santo en la Iglesia católica) se opuso.
San Columba. Obra original de la pintora americana
Tracy L. Christianson. Foto cedida por Tracy L. Christianson
Ese libro, uno de los primeros manuscritos irlandeses
iluminados y la segunda colección de salmos más antigua del mundo, se conoce
como el Cathach de san Columba (del gaélico cath, guerra). Así se originó la batalla de Cúl
Dreimhne, también conocida como la batalla del Libro, quizá el primer conflicto
por derechos de autor de la historia. En el año 561, Columba instigó una lucha
de los hombres de su clan, los Uí Néill, contra el rey Diarmai, que apoyaba a
Finnian. El resultado fueron 3.000 hombres muertos. Este suceso debió de causar
una gran impresión en el país, hasta el punto de que un sínodo de monjes y
clérigos amenazó a Columba con la excomunión.
Fueron necesarios dos años para que Columba se diera
cuenta de su error y decidiera pagar por ello. Tomó la decisión de exiliarse de
Irlanda y cruzar el mar hasta las tierras de Escocia. No descansaría hasta
haber ganado para Dios el mismo número de almas que fallecieron por su
empecinamiento. Así, las crónicas de la época cuentan que «en el segundo año
después de la batalla de Cúl Dreimhne, el cuadragésimo segundo año de su edad,
Columba zarpó de Irlanda deseando ser un peregrino de Cristo».
Un asceta en la misión
Columba llegó a las costas de Escocia en el año 563
junto a otros doce monjes, y enseguida se encaminaron más al norte para no
seguir viendo su tierra natal desde la orilla. Se instalaron en la isla de
Iona, a 200 kilómetros de distancia, y los dos primeros años se dedicaron a
construir el monasterio y su biblioteca, y establecer la vida de la comunidad
monástica. Al cabo de ese tiempo, por fin san Columba se sintió preparado para
comenzar su misión entre el pueblo de los pictos, las tribus paganas que habitaban
el norte y centro de Escocia.
«Inicialmente, la misión de Columba era vivir el Reino
de Dios en prácticas ascéticas de renuncia y humildad. En su peregrinación
buscó la soledad y la salvación, a imitación de Cristo. Sin embargo, Columba se
encontró llamado por el Espíritu a caminar lejos de la seguridad de su
monasterio para dar testimonio a los necesitados y perdidos», afirma Julie May
Nairn, autora del libro Espiritualidad y misión de san
Columba.
Así, el irlandés se dirigió hacia el fuerte del rey
Brude, en Inverness. Y comenzó una ardua tarea diplomática en pos de la
pacificación entre las tribus, a lo que unió una notable capacidad de realizar
milagros. El más conocido fue el que sucedió en el año 565 en las orillas del
río Ness, que desemboca en el lago del mismo nombre. Allí se encontró un grupo
de pictos enterrando los restos de un amigo devorado por un monstruo acuático; al meterse en el agua uno de sus
monjes el monstruo salió de nuevo y Columba se enfrentó a él con la señal de la
cruz: «¡No irás más lejos ni lo tocarás, vete de aquí!», le espetó. Y así fue.
Lugar de peregrinación
El monasterio de Iona se convirtió a partir de
entonces es un lugar de peregrinación para todos los escoceses. «Columba era
bien conocido por el afecto que mostraba hacia sus monjes y por la hospitalidad
que mostraba a los visitantes de Iona», continúa su biógrafa. «El monasterio
atraía a quienes deseaban unirse a la comunidad y a aquellos que buscaban
curación. Columba llevó la Palabra a la gente y permaneció abierto a ser
enviado por el Espíritu Santo, a veces a regiones lejanas. Fue testigo de Dios
con su vida, y las conversiones siguieron».
El sábado víspera de su muerte reunió a sus monjes y
les dijo que «hoy, a medianoche, seguiré el camino de nuestros padres. Ya mi
Señor Jesucristo se digna de invitarme; en medio de esta noche partiré a su
invitación, porque así me ha sido revelado por el Señor mismo».
A las pocas horas, cuando la campana del monasterio
anunciaba ya la entrada en el domingo, Columba se fue a la capilla, donde murió
tras arrodillarse junto al altar. Fue enterrado en los muros de la abadía que
fundó, y tres siglos más tarde sus reliquias fueron divididas entre Irlanda y
Escocia: la tierra que le vio nacer y la que le vio nacer de nuevo.
Bio
·
521: Nace en Gartan
·
560: Copia el libro de los salmos
en la abadía de Moville
·
561: Desencadena la batalla de Cúl
Dreimhne
·
563: Parte hacia el exilio en
Escocia
·
565: Expulsa al monstruo del Lago
Ness
·
597: Muere en la isla de Iona


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