Fe y Vida | Ángeles Conde Mir
León Harmel, el industrial que
anticipó la doctrina social de la Iglesia
Mucho antes de la publicación de la encíclia Rerum novarum, este empresario francés ya había
procurado a sus obreros beneficios sociales. El Papa conocerá su historia a
través de una exposición en el Meeting de Rímini
En la segunda mitad del siglo XIX, Europa atravesaba
una profunda transformación. La segunda revolución industrial hizo que
proliferaran las fábricas y que aumentara como nunca la producción. Todo ello
acarreó un notable crecimiento económico, pero también generó graves problemas
sociales. Millones de trabajadores vivían en condiciones deplorables, obligados
a cumplir con largas jornadas laborales, pagados mal y totalmente
desprotegidos.
«Una herida horrible que devora la sociedad»
Sin embargo, no todos los empresarios se centraron en
los beneficios por encima de las personas. Hubo uno, francés, que marcó la
diferencia. Se trata de León Harmel, un industrial que
se convertiría en uno de los grandes pioneros del catolicismo social. Para
Harmel los empresarios tenían una responsabilidad directa en la construcción de
una sociedad más justa. Consideraba la pobreza como «una herida horrible que
devora la sociedad», una realidad que no podía ser ignorada.
Tercero de una familia profundamente cristiana, Harmel
ingresó en 1860 en la Orden Franciscana Seglar. Esa espiritualidad marcó su
forma de obrar que en su fábrica se resumía en una frase: «El bien del obrero
por el obrero y con él, en la medida de lo posible; nunca sin él y, con mayor razón, nunca a pesar de él».
Las preocupaciones que posteriormente recogería la doctrina social de la
Iglesia ya las habían notado algunos fieles comprometidos con la cuestión
obrera.
En 1825, con solo 25 años, Harmel heredó la hilandería familiar en Val-des-Bois, cerca de
Reims. La transformó en lo que él mismo llamó una «fábrica cristiana». De esta
forma, creó un fondo de subsidios familiares, una mutua de asistencia,
viviendas para los trabajadores con escuelas y capilla y un sindicato solo de
obreros, algo a lo que se opusieron otros empresarios católicos que, incluso,
elevaron una protesta a León XIII. El Papa les respondió: «Esperad a mi próxima
encíclica». León XIII se refería a Rerum novarum, documento que avaló las medidas
de Harmel.
Amistad con León XIII
El empresario mantuvo con el Pontífice una relación
que resultó fundamental. Le escribía frecuentemente. Compartía con él su
preocupación por las consecuencias sociales de la industrialización. Esa
cercanía se hizo visible en las audiencias romanas. Harmel fue recibido varias veces por el Papa, y
fue precisamente en una de esas visitas —la peregrinación de empresarios de
1885— cuando León XIII le pidió que llevara también a Roma a sus obreros.
Harmel lo hizo en 1885, 1887, 1889 y 1891. En esta última participaron 20.000
trabajadores. En su audiencia con el Papa, León XIII aseguró que aquellas
«legiones de peregrinos» llenaban su ánimo «de consuelo y de esperanza». Ese
fue precisamente el año en que León XIII dio al mundo la encíclica que
orientaría toda la doctrina social de la Iglesia.
Harmel plasmó su pensamiento en obras como el Manuel d’une corporation chrétienne y el Catéchisme du patron, y siguió activo en el movimiento
de la Democracia Cristiana francesa hasta el estallido de la Primera Guerra
Mundial, apenas un año antes de su muerte.
El Papa León XIV conocerá en el Meeting de Rimini la
historia de este otro León y de su relación con el Pontífice que le ha
precedido. Esta 47 edición del Encuentro para la Amistad entre los
Pueblos rinde homenaje al industrial al que define como
«el pionero que revolucionó la vida de los trabajadores».


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